Precedido el viernes anterior por el National Poppy Day, el último
lunes de mayo de cada año se celebra en Estados Unidos el Memorial
Day, el Día de los Caídos, una fiesta federal de origen controvertido
que lleva ya más de medio siglo celebrándose.
¿Por qué ese lunes? Se eligió un lunes para que los estadounidenses
aprovecharan para tomarse un buen puente. Con la excepción del Labor Day,
que siempre se situaba ese día de la semana, antes de 1971 las distintas
conmemoraciones federales se celebraban en fechas específicas que cada año
caían en diferentes días de la semana. Los puentes de tres días estaban, pues,
sujetos al albur del calendario.
Todo cambió cuando, con el propósito de animar la economía del sector
servicios, una ley federal que entró en vigor en 1971, la Uniform Monday Holiday Act, colocó todos los festivos nacionales en
lunes para crear más fines de semana de tres días. Para comerciantes y
hoteleros, que ya habían comprobado que los lunes en que se celebraba
tradicionalmente el Labor Day
aumentaban las ventas y se llenaban los hoteles, el traslado de los festivos al
lunes fue la gallina de los huevos de oro.
Que se eligiera el último lunes de mayo fue una decisión fundamentada
en que el 30 de mayo de 1868 fue la fecha elegida por el general John A. Logan,
comandante nacional de la fraternidad del Gran Ejército de la República, para
honrar a los caídos que sirvieron en el bando de la Unión durante la Guerra de
Secesión. Logan eligió la fecha porque no era el aniversario de ninguna batalla
en concreto. Por añadidura, el día serviría también para marcar el comienzo de
la temporada estival.
Aunque al menos 25 ciudades afirman haber sido el lugar de origen de una
festividad, originalmente llamada Decoration Day, la jornada que los
estadounidenses dedicaban a decorar con flores las tumbas de los soldados que
dieron su vida en la Guerra Civil, la mayoría de las referencias son simples
mitos que han desvirtuado una historia reconocida durante décadas, pero que se
perdió en un trampantojo de leyendas locales a finales del siglo XIX y
principios del XX.
Durante 1866, el primer año de esta conmemoración en el Sur, surgió una
circunstancia que hizo que la conciencia, la admiración y más tarde la
imitación se extendieran rápidamente al Norte. En el cementerio local de Columbus,
Misisipi, yacían un gran número de soldados confederados caídos en la batalla
de Shiloh junto con algunos soldados de la Unión. Ese año, las mujeres de la Ladies
Memorial Association de Columbus decoraron con flores las tumbas de los
confederados y, para sorpresa de muchos, decidieron embellecer también las de
los soldados unionistas, un gesto conciliador que acompañaron con el envío de cartas
de pésame a las familias de sus rivales y vencedores.
La cobertura de los periódicos norteños fue muy favorable a esas
primeras celebraciones en los antiguos territorios de la Confederación. Tampoco
escasearon las críticas. Como resultado de unas y otras, en 1867 Francis Miles
Finch, un juez, académico y poeta de Nueva York, publicó en The Atlantic
Monthly el poema The Blue and the Gray, una alusión a los colores de
los uniformes de unionistas y confederados, que se convirtió rápidamente en
parte del canon literario estadounidense.
Casi de inmediato, el poema, todo un canto a la reconciliación nacional,
circuló por todo Estados Unidos en libros, revistas y periódicos. A fines del
siglo XIX, los escolares de todo el país debían memorizarlo. La amplia
divulgación de los emotivos versos de Finch significó que, a finales de 1867,
la festividad sureña se convirtiera en un fenómeno popular en un país
recientemente reunificado.
El poema de Finch se adjuntó a la proclama del general Logan que se
publicó en varios periódicos en mayo de 1868 estableciendo el Memorial Day.
El deseo del presidente Abraham Lincoln de que no hubiera “malicia hacia nadie”
y “caridad para todos” y su política de piedad y paz que había enunciado en las
poco menos de trescientas palabras del discurso de Gettysburg, se vieron representadas en las celebraciones de los
participantes de ambos bandos, quienes exhibían una rama de olivo, símbolo de
la paz, durante las celebraciones del Memorial Day en los primeros tres
años.
Medio siglo después, otro poema fue responsable de que las ramas de
olivo fueran sustituidas por las amapolas rojas que constituyen hoy el símbolo
floral del Memorial Day. En la primavera de 1915, las amapolas comenzaron
a florecer en la tierra devastada durante la sangrienta Segunda Batalla de
Ypres de 1915, en la que se enfrentaron los ejércitos de Francia, Reino Unido,
Australia y Canadá contra el Imperio alemán.
Ver a las flores de color sangre brillando contra el ceniciento y
fúnebre telón de fondo de la batalla animó a que John McCrae, cirujano del
ejército canadiense, escribiera el poema In Flanders Field, en el que desde
los primeros versos (In Flanders fields the poppies blow / between the
crosses, row on row), daba voz a los soldados que habían muerto en la
batalla y yacían enterrados bajo los terrenos cubiertos de amapolas.
Ese mismo año, en noviembre, dos días antes de que se firmara el
armisticio, Moina Michael, una profesora de la
Universidad de Georgia, leyó el poema en Ladies' Home Journal y escribió
su propio poema, "We Shall Keep the Faith" con el que dio comienzo
a una campaña encaminada a hacer de la amapola un tributo simbólico a todos los
que murieron en la guerra.
Las rojas amapolas sobre un fondo azul y gris, siguen siendo cada
último lunes de mayo el símbolo de recuerdo hacia los caídos estadounidenses en
todas las guerras.